Hueles a maestro cuando sabes decir “si” y cuando sabes decir “no”. Hueles a maestro cuando juegas con tus alumnos sin importante que pasó con tu arreglo, cuando con ellos vuelves a ser niño y compartes el juego con el trompo, y la pelota. Hueles a maestro cuando le enseñas a perdonar y no a odiar. Mi estudiante me dijo que yo olía a maestro y yo me siento muy feliz. Ojalá todos los maestros tuviéramos siempre ese noble y dulce olor a maestro. … Y tú, ¿hueles a maestro?